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Clostridium spp. en cerdos: implicancias fisiopatológicas y estrategias de control

Clostridium spp. en cerdos: implicancias fisiopatológicas y estrategias de control

Autor: MSc. MVZ Manuel Albetis Apolaya

              Asesor Técnico – Farvet

             Docente en Zootecnia – Universidad Nacional San Luis Gonzaga

 

  1. Introducción

El microbiota intestinal en los cerdos desempeña un papel central en la digestión, la inmunomodulación y la resistencia frente a patógenos entéricos. Durante la vida productiva del animal, esta comunidad microbiana puede sufrir alteraciones cuantitativas y cualitativas, fenómeno conocido como disbiosis, lo que conlleva consecuencias clínicas y económicas considerables (Hevia, 2018). La disbiosis puede ser inducida por numerosos factores, incluyendo cambios abruptos en la dieta, uso de antibióticos, estrés por destete, infecciones virales y deficiencias inmunológicas (Arruda & Arruda, 2021).

En este contexto, bacterias del género Clostridium, especialmente Clostridium difficile y Clostridium perfringens, pueden proliferar y causar patologías digestivas severas. Estas especies, oportunistas por naturaleza, aprovechan el desequilibrio ecológico para colonizar el intestino, liberar toxinas y alterar la barrera epitelial, generando enteritis, diarrea y reducción en el desempeño productivo (Andino-Molina & Quesada-Gómez, 2022).

La relevancia de este fenómeno ha incrementado en los últimos años, en parte debido a la prohibición del uso de promotores de crecimiento antibióticos (AGP) en muchos países, lo que ha revelado la vulnerabilidad del cerdo moderno frente a desequilibrios intestinales (Ángel Isaza, 2025). Así, la comprensión de la relación entre disbiosis y Clostridium spp. es esencial para establecer estrategias nutricionales, inmunológicas y microbiológicas de prevención.

2.     Microbiota porcina y factores desencadenantes de la disbiosis

La microbiota intestinal del cerdo es una comunidad microbiana compleja y dinámica que coloniza el tracto gastrointestinal desde el nacimiento. Esta microbiota está compuesta principalmente por bacterias de los filos Firmicutes, Bacteroidetes, Actinobacteria y Proteobacteria, las cuales mantienen una relación simbiótica con el hospedador, participando en la fermentación de carbohidratos no digeribles, la producción de ácidos grasos de cadena corta (SCFAs), y la maduración del sistema inmunitario (Laviano Medina, 2020).

Figura 1 Microbiota Intestina

La disbiosis se refiere a un desequilibrio en esta comunidad microbiana, caracterizado por una reducción de la diversidad, pérdida de bacterias beneficiosas y proliferación de microorganismos patógenos o patobiontes. En cerdos, los principales factores desencadenantes incluyen el estrés del destete, cambios abruptos en la alimentación, prácticas intensivas de producción, y el uso excesivo de antimicrobianos (Hevia, 2018).

El destete representa una etapa crítica en la vida del cerdo, donde se produce una transición del alimento líquido a una dieta sólida, lo que puede alterar gravemente la composición microbiana. Se ha demostrado que la exposición temprana a antibióticos genera una reducción de bacterias anaerobias obligadas, como las del Clostridium cluster IV, esenciales para mantener la integridad intestinal (Ramis et al., 2021).

Figura 2 destete etapa crítica

3.     Fisiopatología de Clostridium spp. en contextos de disbiosis

En condiciones de disbiosis, el ecosistema intestinal pierde su capacidad de exclusión competitiva, permitiendo la proliferación de especies oportunistas como Clostridium difficile y Clostridium perfringens. Ambas especies poseen la capacidad de producir toxinas que alteran la homeostasis intestinal, provocando inflamación, necrosis y diarrea (Andino-Molina & Quesada-Gómez, 2022).

Clostridium difficile produce las toxinas A (TcdA) y B (TcdB), que inducen daño epitelial, desorganización del citoesqueleto celular, y respuesta inflamatoria a través de la activación de neutrófilos. En cerdos neonatos, la infección por esta bacteria se ha vinculado a diarrea profusa, pérdida de peso y aumento en la mortalidad (Arruda & Arruda, 2021). Por su parte, Clostridium perfringens tipo A y C producen enterotoxinas que pueden causar enteritis necrosante y hemorragias intestinales severas (Casado González, 2017).

 Figura 3 Clostridium perfringens en lechones               Figura 4 Clostridium difficile en lechones

La disbiosis que favorece estas infecciones puede ser causada por la antibioterapia periparto o durante el destete. El uso de antimicrobianos reduce la población de bacterias beneficiosas como Lactobacillus spp. y Bifidobacterium spp., lo que libera nichos ecológicos para los clostridios (Avilés-Peterson et al., 2024). El desequilibrio inmunitario y la reducción de la producción de SCFAs también comprometen la barrera intestinal, favoreciendo la translocación bacteriana.

  1. Estrategias preventivas: uso de probióticos y biomarcadores

La prevención de disbiosis y sus consecuencias patológicas involucra enfoques nutricionales y microbiológicos. Una de las estrategias más eficaces es la administración de probióticos. Estudios recientes demuestran que especies como Lactobacillus reuteri y Bacillus subtilis pueden modular la microbiota, disminuir la proliferación de Clostridium spp. y mejorar la integridad epitelial (Albo, 2021).

Figura 5 probióticos y prebióticos en la prevención de la disbiosis

Además, la suplementación con prebióticos, como manano-oligosacáridos (MOS), estimula el crecimiento de bacterias beneficiosas. El uso de biomarcadores intestinales como la zonulina, la lipocalina-2 o la calprotectina ha permitido monitorear la integridad de la barrera intestinal y detectar procesos inflamatorios en etapas subclínicas (Ramis et al., 2021).

Otra línea de prevención consiste en la modulación de la dieta, incluyendo compuestos nutracéuticos, fitogénicos y ácidos orgánicos como el butirato, que tienen efecto antimicrobiano y antiinflamatorio. Estos compuestos ayudan a reducir el uso de antibióticos sin comprometer el rendimiento zootécnico (Ángel Isaza, 2025).

Figura 6 fitogenicos en la prevención de la disbiosis

  1. Impacto en la producción porcina y sanidad animal

Las alteraciones de la microbiota porcina tienen un efecto directo sobre el desempeño productivo. La disbiosis y la infección por Clostridium spp. provocan diarreas, reducen la conversión alimenticia y aumentan los días a mercado. En los casos graves, pueden producirse mortalidades superiores al 15%, especialmente en lechones destetados (Arruda & Arruda, 2021).

Estos desequilibrios también están relacionados con un mayor uso de antibióticos terapéuticos, lo que incrementa el riesgo de aparición de cepas multirresistentes. El costo económico asociado a tratamientos, pérdida de peso y retrasos en el crecimiento afecta la rentabilidad de las explotaciones (Avilés-Peterson et al., 2024).

La implementación de estrategias basadas en modulación microbiológica ha demostrado reducir las tasas de diarrea post-destete, así como mejorar la ganancia diaria de peso (ADPV) y reducir la necesidad de intervención veterinaria (Albo, 2021). Asimismo, existen evidencias de que la salud intestinal tiene un impacto en el bienestar animal y la respuesta inmunitaria frente a otros patógenos (Ramis et al., 2021).

  1. Conclusiones y recomendaciones

La relación entre disbiosis intestinal y Clostridium spp. representa un desafío sanitario y productivo en la porcicultura moderna. La pérdida del equilibrio microbiano favorece la colonización por bacterias oportunistas capaces de desencadenar patologías severas, afectando la salud y el rendimiento de los animales (Ramis et al., 2021).

Se recomienda adoptar una estrategia integral basada en tres pilares: (1) modulación nutricional mediante probióticos y nutracéuticos (Albo, 2021), (2) reducción del uso de antibióticos, y (3) implementación de sistemas de monitoreo mediante biomarcadores intestinales (Ramis et al., 2021). Estas medidas no solo previenen la disbiosis, sino que mejoran la sostenibilidad del sistema productivo (Ángel Isaza, 2025).

Finalmente, la investigación debe continuar enfocándose en la interacción entre dieta, microbiota y salud intestinal para desarrollar soluciones efectivas y seguras en la era post-antibiótica (Ángel Isaza, 2025).

 

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