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Innovación en la comercialización de la carne de cerdo: una visión macro

Innovación en la comercialización de la carne de cerdo: una visión macro

Autor:  Ms. Sc. Julio Chaves

               Consultor – U.S. Soybean Export Council

La carne de cerdo en Perú ha alcanzado un crecimiento sostenido tanto en producción como en consumo, impulsada por una demanda interna cada vez más consciente, exigente y diversa. Sin embargo, este desarrollo productivo debe ir acompañado de una transformación profunda en la forma en que se comercializa y se presenta la carne al consumidor. En este contexto, la innovación tecnológica y la estrategia de comunicación juegan un rol clave para conectar el trabajo del productor con el consumidor final, garantizando calidad, confianza y diferenciación.

Calidad como punto de partida

La calidad de la carne de cerdo no es negociable. En un mercado donde las decisiones de compra están influenciadas por factores como la salud, el bienestar animal, la trazabilidad y la sostenibilidad ambiental, producir carne de calidad es el punto de partida para cualquier esfuerzo de comercialización exitoso. No basta con producir más, sino con producir mejor.

La percepción de calidad ya no se basa únicamente en el color, textura o frescura de la carne, sino en lo que hay detrás de ese producto: la historia del cerdo, su origen, su alimentación y el tipo de manejo recibido desde la granja hasta el punto de venta.

Tecnología para un mercado más exigente

En este nuevo escenario, la tecnología se convierte en un puente entre la producción y la comercialización. El uso de herramientas como etiquetas inteligentes, códigos QR y paquetería con sensores abre la posibilidad de ofrecer al consumidor una experiencia informativa y transparente.

Una etiqueta inteligente, por ejemplo, puede indicar el grado de frescura del producto mediante un sistema que cambia de color conforme pasa el tiempo o si las condiciones de temperatura han sido alteradas. Esta tecnología, ya disponible en mercados internacionales, permite al consumidor elegir con mayor confianza, reduciendo desperdicios y mejorando la experiencia de compra.

Asimismo, mediante un código QR en el empaque, el consumidor puede acceder a una historia completa del producto: desde qué granja proviene el cerdo, cuál fue su dieta, qué medicamentos no se utilizaron, si la granja cumple con estándares de bienestar animal y cuál es su impacto ambiental. Este nivel de trazabilidad transparente genera valor agregado, fideliza al cliente y fortalece la imagen del sector porcicultor nacional.

Vender carne ya no es suficiente: hay que vender una historia

Uno de los errores más comunes en la comercialización de carne es pensar que basta con mostrar el producto en una vitrina limpia. Pero las nuevas generaciones —especialmente los millennials, generación Z, y próximamente la generación alfa y beta— no compran productos: compran experiencias, compran historias, compran causas.

Esta generación de consumidores ya no se convence con una etiqueta bonita o una promoción. Exigen saber qué hay detrás del producto. ¿Este cerdo fue criado con criterios de bienestar animal? ¿Su carne proviene de una empresa que respeta el medioambiente? ¿La planta de proceso tiene prácticas éticas y sostenibles?

En este sentido, los porcicultores deben adoptar una nueva narrativa. No se trata solo de decir “nuestra carne es la mejor”, sino de mostrar evidencia de que lo es. Una comunicación efectiva, apoyada por herramientas tecnológicas, permite construir una historia creíble, coherente y diferenciadora que conecte con las emociones y valores del consumidor moderno.

El consumidor peruano: exigente y apasionado

El Perú tiene una particularidad cultural que lo distingue de otros mercados. Los jóvenes peruanos, incluso si no se dedican profesionalmente a la cocina, aspiran a cocinar como chefs. Buscan los mejores insumos, siguen recetas de alta cocina y prestan atención al origen de los productos que utilizan. En este contexto, la carne de cerdo tiene una gran oportunidad para posicionarse como una proteína de calidad, versátil, sabrosa y responsable.

Este perfil de consumidor peruano es exigente y creativo, y eso obliga al productor a ofrecer un producto no solo sabroso, sino que cumpla con estándares nutricionales, sanitarios y éticos. Además, este consumidor es influenciado constantemente por narrativas externas —como campañas animalistas o de defensa medioambiental— que, si no se enfrentan con información clara y transparente, pueden afectar la percepción del sector.

Tecnología como respuesta a los nuevos retos

Frente a la presión de los mercados, de los medios y del consumidor informado, la digitalización se convierte en una respuesta concreta y efectiva. Granjas tecnificadas, conectadas con sistemas de trazabilidad digital, permiten monitorear y registrar cada etapa del proceso productivo. Esta información puede luego convertirse en contenido útil para el consumidor: mostrarle que los cerdos fueron alimentados con dietas balanceadas, que vivieron en condiciones saludables y que no se usaron antibióticos de forma indiscriminada.

Digitalización, tecnificación y asociación son tres pilares que deben ir de la mano para impulsar una porcicultura más fuerte. Las granjas que se tecnifican deben integrarse en cadenas organizadas, donde se comparta información, se uniformicen estándares y se optimicen recursos. Solo así se podrá competir con productos importados o con otras proteínas que hoy tienen más presencia en el mercado.

Comercialización con valor agregado

Innovar en la comercialización no solo es cuestión de empaques o etiquetas. También implica redefinir la forma en que se posiciona la carne de cerdo ante el consumidor. Es hora de dejar atrás la idea de que es un producto de “segunda opción” y comenzar a posicionarlo como una proteína premium, apta para todo tipo de preparación, saludable, sostenible y con impacto positivo en la economía local.

Para lograrlo, es indispensable trabajar en conjunto con distribuidores, mayoristas, supermercados y canales digitales, para ofrecer productos adaptados a cada perfil de consumidor. La presentación, el formato de corte, la porción, el tipo de empaque y hasta la historia que acompaña a la carne, deben pensarse estratégicamente.

Generaciones que premian o castigan

Como se mencionó anteriormente, las nuevas generaciones no son pasivas. Premian o castigan con su compra. Un producto que no cumpla con sus valores éticos y ambientales será rápidamente descartado, sin importar cuán sabroso o económico sea. Y este comportamiento no solo se limita a las grandes ciudades: incluso en regiones rurales, el acceso a internet y redes sociales permite que esta mentalidad se expanda.

Por eso es fundamental que el productor de carne de cerdo no le tema a la tecnología, sino que la use como aliada. Los medios digitales permiten contar historias reales, mostrar procesos, explicar con evidencia y datos todo el trabajo detrás de una carne de calidad. Si no lo hace el productor, lo hará otro —o peor, lo hará un opositor con información distorsionada.

Conclusión: un camino para llegar

La porcicultura peruana ha avanzado mucho en los últimos años, pero aún queda camino por recorrer, especialmente en el ámbito de la comercialización y la conexión con el consumidor final. Innovar en este aspecto no es una opción, sino una necesidad.

El camino está claro:

  • Las granjas deben tecnificarse.
  • Los productores tecnificados deben asociarse.
  • Y ambos deben digitalizarse para generar información de valor.

Solo así lograremos que la carne de cerdo peruana no solo crezca en volumen, sino también en valor percibido por el mercado. La innovación no está solo en el laboratorio o la granja: está también en la forma en que vendemos, informamos y conectamos.

El Perú va creciendo, fortalecido en producción y en consumo de carne de cerdo. La tarea ahora es que ese crecimiento también se vea reflejado en la mente y el corazón de cada consumidor.

 

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