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Perspectiva mundial de la producción y la reproducción porcina para los próximos 20 años

Perspectiva mundial de la producción y la reproducción porcina para los próximos 20 años

Por: Robert V. Knox
Department of Animal Sciences, University of Illinois at Urbana-Champaign, Urbana, Illinois, USA

 

En las próximas dos décadas, la producción y reproducción porcina mundial avanzará en una línea de tensión constante: por un lado, mejoras notables en productividad, genética y tecnología; por otro, una presión creciente de las enfermedades, la volatilidad económica, las regulaciones ambientales y las exigencias de bienestar animal. Esa es la fotografía que traza Robert V. Knox en su análisis sobre el futuro de los hatos reproductores de cerdos en el mundo.

Durante años, las granjas de reproductoras han tenido que lidiar con una combinación incómoda de baja rentabilidad, brotes sanitarios, inestabilidad en los mercados de exportación, falta de mano de obra y normas cada vez más estrictas.

Enfermedades como la peste porcina africana y la fiebre aftosa han demostrado su capacidad para devastar planteles y cerrar fronteras comerciales, mientras que patologías más “cotidianas” como PRRS, PEDV, PCV e influenza siguen mermando la fertilidad, aumentando las pérdidas de lechones lactantes y afectando el desempeño general del hato. La pandemia de COVID-19 añadió otra capa de vulnerabilidad al evidenciar lo dependientes que son las granjas de un personal limitado y de una cadena de suministro frágil.

A estos factores sanitarios se suman los económicos. La rentabilidad ha sido marcadamente volátil: periodos de sobreproducción y demanda estable deprimen el precio del cerdo, mientras suben los costos de alimento, energía y mano de obra. El resultado ha obligado a muchos productores a replantear su modelo de negocio: algunos han reducido el tamaño de sus hatos o han salido del sector, otros han tenido que invertir fuerte en infraestructuras y cambios de manejo para no quedar fuera de la normativa ambiental y de bienestar. Las regulaciones se concentran en la localización y la densidad de animales, la protección del aire, el agua y el suelo, así como en aspectos muy concretos del manejo, como el uso de jaulas, el destete y el control del dolor.

En paralelo, cambian también los consumidores. En los países desarrollados, parte de las generaciones más jóvenes reduce deliberadamente su consumo de carne, mientras la carne de cerdo compite frontalmente con el pollo, las alternativas vegetales y la carne cultivada en laboratorio. Sin embargo, el artículo subraya que el panorama no es únicamente pesimista: el crecimiento demográfico y el aumento de los ingresos en regiones como África y el Sudeste Asiático apuntan a un incremento global de la demanda de carne de cerdo.

Con la caída prevista de los costos de alimento y energía, los pronósticos de mercado hablan de un retorno a la rentabilidad, siempre y cuando los productores refuercen sus reservas financieras, mejoren su acceso al crédito y adopten estrategias más sólidas de gestión de riesgos. En el plano estructural, la tendencia es clara: menos granjas, pero más grandes. Knox describe una industria cada vez más concentrada en sistemas industrializados de gran escala.

Las granjas se clasifican en “Mega” (más de 100.000 cerdas), grandes (más de 25.000–100.000), medianas (5.000–25.000) y pequeñas (menos de 5.000). Aunque a nivel mundial las granjas pequeñas —muchas con 250 a 2.500 cerdas— son las más numerosas y conservan ventajas en mercados locales y domésticos, el peso de la oferta comercial se desplaza hacia los grandes complejos que abastecen a cadenas de distribución que exigen volumen, uniformidad y suministro constante.

Las cifras ilustran la magnitud de esta concentración. En Estados Unidos, de un plantel de unos 6 millones de cerdas, el 83 % de la propiedad y de la producción se concentra en granjas con más de 10.000 cerdas, repartidas entre apenas 26 empresas. De las 56.000 granjas porcinas censadas, más del 44 % registra ventas anuales inferiores a 10.000 dólares, lo que muestra el contraste entre grandes operadores y una multitud de explotaciones pequeñas. En la Unión Europea se estiman 138.000 granjas porcinas y 11 millones de cerdas; unas 20 granjas concentran 530.000 de esas cerdas y solo el 6 % de las explotaciones tiene más de 2.000 animales. El 70 % de la producción procede de granjas grandes situadas en España, Alemania, Francia, Polonia, Países Bajos y Dinamarca, siendo España el único país del grupo donde el número de granjas de cerdas ha aumentado.

América Latina aparece como una región con gran potencial, pero con una estructura muy fragmentada. De unos 20 millones de explotaciones porcinas, la mayoría se considera pequeña y solo seis superan las 100.000 cerdas cada una, sumando juntas alrededor de un millón de cerdas. Además, cerca del 70 % de las cerdas de cría se concentra en Brasil y México. En Asia domina la producción en explotaciones de traspatio, pero en China el proceso de modernización ha sido particularmente intenso: veinte mega granjas, cada una con más de 100.000 cerdas, concentran casi 14 millones de animales. En ese país también han surgido edificios de producción de varios pisos, con ascensores y todas las fases del ciclo productivo dentro de la misma estructura, como respuesta a la escasez de tierras y a la necesidad de reforzar la bioseguridad. Sobre la sostenibilidad a largo plazo de estos modelos todavía hay poca evidencia.

En este entramado aparecen distintos modelos de producción: granjas de ciclo completo —desde la parición hasta el engorde final— conviven con sistemas segregados en los que una granja se dedica a la reproducción y el destete y otras se especializan en recría y engorde. Las cerdas en gestación se alojan en jaulas individuales o en corrales de grupo, y sobre ese punto pesan cada vez más las demandas normativas y de mercado. Paralelamente han crecido los llamados productos “especiales”: carne de cerdo etiquetada como natural, sin antibióticos, sin hormonas, orgánica, de “crianza humanitaria” o de alto bienestar. Estos esquemas requieren sistemas de producción separados, verificación externa y trazabilidad detallada, lo que implica costes superiores y volúmenes más bajos.

Aunque existen oportunidades comerciales, el autor señala que, por ahora, se trata de nichos que representan una fracción menor de la producción total. Las iniciativas públicas y las regulaciones son un factor transformador de fondo. En la UE y en varios países más, las normas de bienestar animal tienen décadas de historia, pero en los últimos años se han aprobado directivas y leyes más precisas que condicionan el tipo de alojamiento, el manejo del dolor y el modo en que se pueden criar y alojar los animales de los hatos reproductores.

En algunos estados de Estados Unidos, la legislación sobre bienestar ya determina qué tipo de carne de cerdo puede comercializarse. A esto se suma el impacto del calentamiento global: la acumulación de gases de efecto invernadero procedentes de la industria, la agricultura, el transporte y la quema de combustibles fósiles incrementa la frecuencia de incendios, inundaciones, huracanes y sequías. Regiones enteras pueden volverse progresivamente menos aptas para la producción porcina y para la propia población humana, lo que abre interrogantes sobre la viabilidad futura de ciertas zonas productivas.

En el núcleo del análisis están los hatos reproductores y su manejo.  Para Knox, pocos aspectos preocupan tanto a los productores como la introducción y circulación de enfermedades en las granjas de cerdas y en los centros de verracos. Las infecciones combinadas de PRRS, PEDV, PCV, influenza y otros patógenos respiratorios afectan directamente la fertilidad, la viabilidad de los lechones lactantes y las tasas de producción. En los próximos años, la respuesta pasará por reforzar la bioseguridad, pero también por aprovechar la genética y la tecnología. Los programas de selección ya incorporan de forma creciente la identificación de genes y los perfiles de expresión génica para priorizar rasgos deseables: tamaño de camada, peso al nacimiento, supervivencia del lechón, número de pezones funcionales, desempeño en lactación y resistencia al estrés por calor y a las enfermedades. Factores menos visibles, como la impronta gestacional o el tamaño de la camada durante la lactancia, podrían resultar determinantes para la fertilidad de por vida de verracos y primerizas.

En el campo de la reproducción asistida, el autor no anticipa revoluciones inmediatas en inseminación artificial. Con las tasas de fertilidad actuales en niveles muy altos, no se esperan cambios drásticos en la base de los procedimientos. Sin embargo, el horizonte de innovación apunta a tecnologías capaces de seleccionar los espermatozoides con mayor capacidad fecundante, predecir con precisión el momento de la ovulación o incluso inducirla. De consolidarse, estos avances podrían reducir de forma significativa el número de espermatozoides necesarios para obtener una camada, con implicancias económicas y de manejo en los centros de producción de semen.

En paralelo, se esperan cambios en la forma de alojar y manejar a las cerdas. El artículo prevé modificaciones en los diseños de las instalaciones para responder a las exigencias de bienestar y al mismo tiempo facilitar el manejo del hato reproductor, con un uso cada vez más limitado de las jaulas de gestación y una transición hacia sistemas de alojamiento en grupo. La expansión de tecnologías de identificación individual, monitoreo continuo y control de precisión de los edificios será una pieza clave en esa transformación.

El cierre del trabajo dibuja un escenario en el que la consolidación de grandes sistemas reproductores continuará, favoreciendo a los grandes distribuidores con acceso a mercados internos e internacionales, mientras que las granjas pequeñas tendrán que especializarse y aferrarse a los mercados locales y regionales para seguir siendo competitivas. El bienestar animal y las regulaciones ambientales seguirán moldeando la manera de producir y el tipo de producto que llega al consumidor. El mensaje de fondo es que los desafíos —sanitarios, económicos, regulatorios y de mercado— no desaparecerán, pero podrán ser gestionados si la industria es capaz de ajustar el diseño de las granjas, el flujo de animales y el manejo, apoyándose de forma decidida en la investigación, la genética, la tecnología electrónica, la gestión de datos y cada punto adicional de eficiencia productiva.

Tendencias y desafíos en la producción porcina en la sierra central del Perú - Actualidad Porcina

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